La historia de Gaby, una niña peruana
- Jul 28, 2025
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Gaby despierta muy temprano como cada mañana. Con cierta dificultad observa por la ventana la ciudad a sus pies, mientras tanto se siente envuelta en el aroma de la avena que su mamá prepara para ella y sus dos hermanos; ellos se alistan para ir a su escuela, sin embargo ella no puede hacerlo, pues en la escuela más cercana les han dicho a sus padres que allí no están preparados para dar educación a niños y niñas como ella. Se queja a través de sonidos guturales, tratando de indicar que siente fuertes dolores en sus piernas, aunque su mamá la comprende, no puede llevarla al hospital, pues viven en uno de los cerros más elevados de Pamplona Alta y lo empinado de la zona dificulta su movilización, la madre ya no está en condiciones de cargarla, además el costo en mototaxi y luego en taxi al hospital más cercano excede la posibilidad económica de la familia que de por sí ya es muy exigua.
En las tardes mientras sus hermanos juegan alrededor de un pequeño jardín, ella tiene que conformarse con mirarlos a través de su pequeña ventana su sueño es salir un día a jugar con ellos, hacer danzar sus cabellos al viento y sobretodo reír…y agradecer a la vida!
Gaby es una niña con parálisis cerebral de 12 años, en nuestro país existen miles de Gabys; niños y niñas con discapacidad negados en sus derechos a recibir servicios básicos de rehabilitación, salud, educación, recreación y todos los demás que les posibiliten un apropiado desarrollo integral. Según la defensoría del Pueblo sólo el 13% de niños con discapacidad asiste a una escuela, y la demanda no atendida en servicios de rehabilitación para estas personas es de 87%.
Gaby no debería esperar más. La Ley General de la Persona con Discapacidad (Ley Nº 29973) está vigente y su reglamento aprobado desde hace años. Sobre el papel, los derechos están reconocidos, pero en la vida real, miles de niños y niñas como Gaby siguen siendo invisibles. No basta con que exista una ley: hace falta voluntad, compromiso y humanidad para que esos derechos se cumplan, para que cada niña y cada niño con discapacidad pueda ir a la escuela, recibir atención médica, jugar, reír y soñar sin barreras. No se trata solo de una responsabilidad del Estado, sino de todos nosotros. Porque solo cuando cada persona abra un espacio en su corazón y en su entorno, lograremos un mundo donde todos puedan vivir con dignidad, en igualdad y sin miedo a ser excluidos. Ojalá pronto Gaby pueda salir a jugar con el viento en el rostro, sabiendo que sí hay un lugar para ella en esta sociedad.



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